lunes, 28 de mayo de 2012



La vida cambia la vida.

Los abrazos que parecían caídos
vuelven
los apretados besos
buscan otra vez tus mejillas
sin argumento
y las confidencias vencidas
 que sonrojan tu juventud
tachan insomnios pasionales de  aquella madrugada.

Ahora, cada tarde compartimos
- a eso de las ocho -
soplos de lluvia verde
con  pasos lentos de esperanza.




miércoles, 23 de mayo de 2012


Focha Común.

Tiene el pico blanco, ya ves, con la mirada disimulada, la frente pintada y las plumas negras, negras. Resulta extraño, como si el pico se alargara o como si la cabeza se incrustara. Cavilo mientras compongo la imagen lógica. Es posible que ni sea un pato en el sentido estricto, - lo digo por la forma del pico - aunque flote y se trate con los patos.
Es un recuerdo, solo, entre la arena y el viento de la bahía.

viento en la bahía,
una focha común
entre los patos.



sábado, 12 de mayo de 2012





Se baten dos huevos, azúcar - la que admita - dos cucharadas pequeñas de café, un puñado de almendras y un chorreón de coñac,  cuatro tasas de harina, unas ralladuras de limón... Esa es la manera de escribir de las buenas cocineras, pero es desesperante para los malos hijos que solamente se dedicaron a comer y halagar con besos pegajosos de niñez y, ahora, necesitan medidas de sistema métrico decimal para andar en la cocina.
El tiempo pasa más deprisa, y luego hay cosas que parecen eternas, pero que tienen fin.
Mientras leía el cuaderno de recetas de mi madre, con las manos manchadas y el delantal ajustado, recordaba el sabor de todos los dulces de los que había disfrutado: torrijas, arroz con leche, migas de niño, natillas, rolletes de carrete, tarta de galletas y leche frita.
Vuelvo a a leer el cuaderno, veo notas sobre notas y escrituras de distintas manos, - tal vez mi abuela le corrigió a mi madre.
Miro el horno, huele bien, posiblemente he acertado. Saco el recipiente y lo encuentro tostado de más, no ha subido hasta arriba como debe ser, pero no tiene mala pinta, cuando lo saco del recipiente y lo vuelco sobre la fuente lo destrozo, sigue oliendo bien, lo pruebo. No es como entonces. Solo puedo hacer una cosa. Llamo por teléfono. -Mamá, el domingo voy a casa a que me enseñes a hacer tu bizcocho.






domingo, 6 de mayo de 2012

Paseo



Domingo, seis de mayo, Santo Domingo Savio - valga la redundancia  y la uve - y día de la madre.
Llueve, muy poco, apenas o mejor, chispea, muy poco, apenas, la nubes forma un cielo de lascas blancas y como casi todos los domingos, desde hace un año, comienzo a pasear, hoy más solo, tal vez por la lluvia ermitaña.
Alejarse del asfalto es cuestión de minutos, siempre empiezo mirando a un Corazón de Jesús que bendice a los caminantes de Santiago y a otros - aunque no quieran - y a las puertas abiertas de Villa Serena, constantemente de par en par - allí nadie roba -, pero a los pocos pasos, otra parcela, Los gnomos con sus dos perros ladrando a dúo rompen por unos segundos el equilibrio esmeralda, (me duele que después de un año no me reconozcan), el más alto me recuerda a un adolescente despeluchado y el otro, a un perro.
El camino está limpio, un caracol cruza, a los lados el campo florece en verde intenso, se distingue el trigo de la cebada y de las amapolas.
Amapolas, y otras flores sin nombre flanquean los pasos. Sigue sin venir nadie.Oigo la radio y los pájaros y el viento. Los almendros, ya sin flores, están repletos de arzollas, robo tres a hurtadillas y me las como despacio para recordar otra época - me siguen gustando -.
Miro hacia todos lados, de cerca las flores más pequeñas amarillas, de lejos Chinchilla. Se ven algunos pájaros pero ningún bicho que asuste o incomode. Me sigo asombrando de como cambia la higuera de domingo en domingo, sobre todo las primeras hojas que brotan en forma de fruto y me lamento del pequeño manzano cortado que sigue languideciendo sobre su sombra.
Todo me maravilla, como si fuera adornos de navidad, como si tuviera ojos nuevos, como si fuese la primera vez que llega la primavera. Y reflexiono. En mi pueblo a las  amapolas se las llama ababoles, y  se recogía a sacos para comida de los conejos. Ahora, pintan el campo, una a una y se forman ramilletes silvestres, ¡los tiempos!
Cuando el camino tercia, descubro unas botas de mujer tiradas entre una amapolas- ¡joder, eso es un haiku!

Lluvia de mayo,
entre los ababoles
botas de mujer.



jueves, 3 de mayo de 2012

Silencio



En el desvelo
paso por tu puerta cerrada
- igual que tus labios de plata-
me detengo a oír como respiran tus sueños
es un segundo para seguir sin nada,
y continúo
y tropiezo dos o tres pasos más
esperando la madrugada.


Y llega la mañana
lenta,
contada a golpes de radio
y
volvemos a deslizarnos en el silencio
 impuesto
como penitencia
como meditación
como aviso y,
 una afonía sin disimulo
 cae desde la cocina
hasta tu almohada,
y en esos poco metros
se cruzaran
solas
nuestras miradas disfrazadas
y que se mueven
como el frío destemplado
en la espalda.

Y mientras cuento los desvelos
sigo esperando
 suspiros rosas
 y palabras lloradas
para decirte de nuevo
tantas veces como haga falta
¡dame un beso,
abrázame fuerte,
que me rompes el alma!