lunes, 7 de enero de 2013



Mientras paseo y observo a los gorriones como vuelan en este  día de niebla y frío, he recordado una historia de mi niñez, una historia lejana y difusa.
Mis abuelos regentaban, en La Roda, la Fonda Oriental  - hoy es un geriátrico y de ella solo queda el nombre - estaba situada enfrente de la estación de trenes. En el primer piso se encontraban los dormitorios, dotados de  cama con colchón de lana, balcón, jarra de agua, percha de pie, aguamanil y escupidera. Estaban numeradas, diría yo,que del uno al doce. En la número seis, dormía y vivía mi bisabuela Isabel. Siempre que mi familia iba a la fonda subía a verla, solo atino a evocar de ella una cabeza blanca, manos huesudas y vejez cariñosa. Tal vez mi madre conserve alguna fotografía amarilla . El único recorrido que realizaba iba de la cama al sillón. Nunca la vi fuera del seis. Su habitación, aparte de lo común, albergaba una mesa pequeña con faldas y brasero. Daba a una gran ventana de un balcón de poco vuelo, se veía la explanada azul de la estación,  a los pasajeros que corrían y a los que regresaban y, naturalmente, se escuchaban los sonidos del tren. Sonidos que huelen a hogar.
Cuando llegaba hasta ella le daba un  beso y ella respondía con otro y un caramelo bien gordo.
- Me lo ha traído un pajarillo,  me repetía siempre, mientras señalaba un pequeño agujero situado en el cristal más alto para dejar claro por donde se colaba el mensajero.
Y un día, tal vez de frío y niebla como hoy, cuando subí a darle mi beso, infantil pero interesado, me encontré con que el pajarillo no había llegado y no había caramelo para el trueque.
-Tal vez como hace un día tan malo se haya retrasado, dijo mi bisabuela tratando de consolarme, mientras se arrebujaba con su toca negra.Y en ese justo instante... un gorrión pasó y salió como un rayo por el hueco del cristal dejando encima de la mesa una bolsita con los caramelos que tanto me gustaban.
-Por fin ha llegado. - murmuró con naturalidad mi bisabuela.
Deslió la bolsa y me dio mi caramelo gordo.
Sí, ya sé, hoy ya no suceden estás cosas y parece raro,  pero os prometo que lo vi, eso sí, ha transcurrido mucho tiempo desde que sucedió esta historia.
Tras  fallecer mi bisabuela, aún me pasé alguna vez  por el seis; por si había una bolsa de caramelos encima de la mesa.


domingo, 6 de enero de 2013