miércoles, 20 de febrero de 2013

lunes, 18 de febrero de 2013





A mi hija Carmen y a su hermana Alicia les dio por hacer churros al terminar los exámenes de psicología. Según cuenta Carmen, en la comida dominical con mis padres, ese primer intento fue desastroso, la masa se pegaba a las manos y los churros parecían tortillas. Todas las mujeres presentes en la comida señalaban, con cariño, mejoras para el próximo semestre: más sal, menos aceite, la masa debe quedar más uniforme, una churrera vendría bien... Los hombres disimulábamos la ignorancia entre el silencio y el vino. 
A la tarde, poco después de salir el tren hacia Villarrobledo, mi madre le ofreció la oportunidad de sacarse la espina preparando media tasa.

alargan los días,
hornean las magdalenas 
abuela y nieta.

En el desvelo del domingo, a las tres y media de la mañana, me comí dos.



lunes, 4 de febrero de 2013




Aún se ven grandes letreros de la rebajas, casi todos en rojo navidad. La calle es un teatro: mimos sin cabeza, titiriteros flauta, magos charlatanes, negros con parche en los ojos, acordeones rumanos en las terrazas, ejecutivos con cartera. Miro cada cosa, se nota que no son mis calles en la falta de indiferencia y en la lentitud de los pasos.
Escucho a lo lejos una voz de soprano, no veo quien canta, busco sin encontrar, retomo a mi camino errático,  sigo oyendo, pero solo hay una mujer huesuda sentada, bajo la estatua de Isabel II, que toca el acordeón. Vuelvo a oír la voz de soprano, miro como mueve la boca,  ¡pero la voz parece tan ajena a ella ! que debo aproximarme más. Se forma un círculo curioso a su alrededor. Está cantando algo de ópera, descansa sobre un cojín amarillo y esboza una sonrisa triste en los silencios. Sobre una mesita expone unos cedes caducados con sus mejores arias.
Un hombre se le acerca  y le dice algo al oído, le sonríe con educación. Comienza a interpretar "O sole mio" y el espontáneo arranca con soltura a llenar la plaza con su voz. Se van dando paso uno al otro. Al terminar aplaudimos y echamos algún euro al canastillo. La vida sigue.

hoy en Madrid
suenan más acordeones
que sirenas.