sábado, 20 de julio de 2013

lunes, 15 de julio de 2013

Arroz con verduras




Desde el uno de abril estoy recorriendo nuevos caminos - andar siempre me gustó - son rutas previstas, con dificultades marcadas  que superar entre el lunes y el domingo y, a fuerza de pasos te conviertes en peregrino.  Pero en un viaje, aunque sea buscado, siempre surgen imprevistos, pequeños detalles. En este la dificultad de la cocina de a uno,  la caducidad láctea y la previsión espontanea de la cena me han sorprendido.
Mis hermanas, para disimular mi torpeza culinaria, me han regalado dos cuadernos con donación generosa  de recetas.
A la primera que me enfrenté fue a las lentejas, pero sin saber por qué, aún no me he atrevido a sacar el pimentón de su bolsita de plástico. La segunda fue arroz con verduras y pollo, llegaban invitados con los que comparto corazón y sangre, y no tuve más remedio que encender fogones y esperanzas.
Abro el cuaderno de mi hermana Carmen, sin quitarle la cuchara de madera, y leo ingredientes y elaboración, un par de veces, pero me atranco en un renglón...

- Echar un poco de color
- Después añadir el amor

Lo vuelvo a leer, ¿qué me quiere decir con añadir el amor? . Son recetas con cariño y advertencias.
"¡Cuidado se pegan!" "por mucho que lo intentes no te saldrán como a tu madre"...

Reflexiono, debe ser "al amor de la lumbre", como no tengo ni vitrocerámica ni cocina de inducción, tal vez sea una referencia a eso. O tal vez me querrá decir que lo tengo que hacer despacio, sería un comentario más evidente, cocinarlo poco a poco. No sé.

- Después añadir el amor.

¿Estaría pensando mi hermana en otra cosa y se le fue esta especia?

- Después añadir el amor.

Será algo evidente en lo que no caigo.

- Después añadir el amor.

Pienso en llamarla por teléfono y que me lo aclaré, pero estoy seguro que le dará la risa y me dirá que soy un despiste (lleva razón). Voy a volverlo a leer.

- Después añadir el amor.

¡Qué no lo veo! No hay forma.

Cuando cojo el teléfono mientras sigo escrutando el enigma me doy cuenta de lo evidente...

- Después añadir el arroz.

Lo sé, lo sé. No quiero risas, ni comentarios. Al final lo importante es que los comensales dejaron los platos limpios.



                                                                                       (un pequeño regalo para mi hermana Carmen)









lunes, 8 de julio de 2013


- Hola hija, ¡qué calor hace!
- Hola papi, sí, un calor como si te abrazaran.

Una curiosa forma de medir. Llevo una semana soñando con estas pocas palabras, imaginado otras unidades, intentando formar una nuevo mapa de España con isobaras en esperanto.
 Hoy el sueño se ha mudado en desvelo y por eso escribo a estas horas de luna, para volver a soñar lo antes posible, antes de las siete, de que saque el extracto de la cuenta corriente y anote los últimos desequilibrios.

- Hija, y si del calor salen abrazos, del frío tardes de salón, ¿y de la distancia? ¿días de tren? ¿y de la soledad? ¿canciones tristes? ¿y la vida? ¿ se cuenta en fotografías? y  la felicidad ¿cómo la medimos?

Tengo que preguntárselo sin distraer la sonrisa del saludo.

p.d. ahora volveré a dormir.


miércoles, 3 de julio de 2013

María Marín



Cuando bajo por María Marín tropiezo con diversidad de paisajes sin realizar transbordo entre pájaros:dunas, negros que susurran en su propia sombra,  fronteras, humo de papayas...
Las bocas buscan en círculo sus propios dejes, los ojos sus colores más primarios, las manos otras manos  que comprendan su desdicha o su provecho.
El primer corro son marroquíes que sueltan sus haches ajotadas y rizadas, el segundo polacos que mantienen la cervezas frías entre sus sonrisas rubias, después vienen los negros que recuerdan la aventura del destierro con sus ojos de agua y por último dos sudamericanas que, despacio, muy despacio comentan sobre el despecho, los celos y la sustantividad del futuro.
Me planteo bajar más lentamente, dormir el atardecer de sus esquinas exiliadas para encontrar los pensamientos en la despedida, los recuerdos que se disimulan entre la pobreza.
Al final de la calle, como un río que cayera al mar, encuentro a una pareja desigual, él amarronado, bajo, con ojos de haiku, ella vecina de toda la vida de  dos puertas más allá, y alta. Se dan la boca y forman su propia acento.