martes, 29 de octubre de 2013

La mañana es fresca, siempre tranquila, el despertar colectivo y calmado, sosiego en los gestos y en el pelo, los ojos aún dormidos. Debo esforzarme en no mirar a nadie fijamente. Me doy cuenta que se descaran mis pupilas tratando de adivinar el último sueño y los secretos en las caras desprevenidas.
Al cielo si puedo mirarlo sin disimulo, ya no pienso en Dios, solo en las nubes y en su lluvia y en la sombra que cae del sol.
Los peregrinos acostumbran a sonreír mientras toman el café y una magdalena. Se alegra el día.
Los primeros compases suenan  sobre piedra, un rollo judicial proyecta la dirección correcta.
El campo cercano y segado muestra hileras de escarcha como un río quieto sobre el hielo. El camino se empina y atempera el cuerpo.
Los restos de una ermita, cercana y en alto, acurrucan el graznido de los desconfiados cuervos.

desde la ermita,
los graznidos de cuervos
en el silencio.

¿Dónde viven hoy los ermitaños?, ¿se colocarán flores entre la barba?, ¿se tatuarán los mantras y las plegarias?. Surgen preguntas sin sentido que conversan  con los pasos hasta que un cruce divide a los peregrinos más adelantados. Tras dudar, no sigo a los que me preceden, llevo mi ruta clara y señalada, bajo en dirección a un pequeño pueblo que se divisa. Enseguida  me tranquiliza la presencia de bordones que también han buscado mi camino.

El pequeño pueblo está desierto, una iglesia partida conserva la torre y una campana que sonará sola cuando la golpee la lluvia.


Poco después un puente de piedra sobre un río provoca un rumor que reza y se persigna por los descreídos.  Fotografío inutilmente el sonido del agua y me recoloco la mochila.

sombra de nube,
al cruzar el puente
sigue el camino.

También se cruzan las palabras. Las hojas, en forma de corazón, amarillean y caen sin tristeza.

Finaliza la etapa, al entrar en el albergue, mueren las mochilas como hojas amarillas. La cerveza y las anécdotas del día son besos de bienvenida.

















sábado, 26 de octubre de 2013

De El Burgo Ranero a León



Fue en la última etapa - este año la intención era  ir de Logroño a León - y cada vez que repasaba en la agenda los 37,1 últimos kilómetros que debería recorrer, resoplaba.
El Camino es voluntario, la distancia es una posibilidad, son suficientes dos pasos para hacer camino, lo sé y me lo repito, con la planificación solo disimulas el azar, si no entraba a León a pié este año, puede ser otro, lo importante no es llegar, es entretenerse, ver, mirar, oír, escuchar,  andar y seguir. He  charlado con la gente que se  cruzaba, en Castrojeriz con un señor que confesó más de ochenta años y resultó que los dos conocíamos  a Parra y a ´Delfina, en la iglesia de Castildelgado  Carmen contó la historia de San Vitores ( un santo con la cabeza cortada) y de su pueblo, y del Caramerelo de Villovieco ya he dicho algo. Ahora pienso que no me entretuve lo suficiente.

Ese último día me levanté más temprano, para empezar en cuanto el amanecer lo permitiera. Las primeras flechas amarillas, en El Burgo Ranero, las busqué con una pequeña linterna que me regaló mi amigo Isidoro.

sin amanecer,
en el paseo de plátanos
luz de linterna

Los primeros kilómetros fueron vigorosos, iba restando en cada hito los que iban quedando atrás entre pensamientos y tierra labrada. El día fresco y sin lluvia. acompañaba.

Al cruzar por un  gran puente medieval en Puente Villarente, la guía eroski indicaba que llevaba 25,3 kilómetros recorridos, allí me encontré con Maicon, un brasileño de 58 años y pequeña barba blanca con el que hablé en repetidas ocasiones en estos días y que muchas noches susurraba cancioncillas con sabor y ritmo de su país mientras estaba tumbado en la litera y se arrebujaba en su saco.

luna de octubre,
melodías de Brasil
suenan a nanas

- Maicon, me quiero despedir de ti. Este es mi último día. Llego a León y me vuelvo para Albacete. El año que viene, si puedo, llegaré a Santiago.

Vino hacía mi y me dio un emotivo abrazo. Nos despedimos deseándonos fortuna y buen camino en la vida.

A poco más de un kilómetro paré en un restaurante-albergue. Pedí un bocadillo de salchichas y una cerveza.  Salí  a la terraza, allí podía durante unos minutos quitarme botas y calcetines, airear los pies, ver el campo y saludar peregrinos.

Llevaba dos tragos y un bocado cuando llegó Maicon con un compañero que no era el que caminaba a su lado en otras etapas. Me alegré de verlo, al fin y al cabo, ya me había despedido y  era un reencuentro.

- ¡Qué alegría verte!, pensaba que te alojarías en el anterior albergue.
- No sé, mi compañero Ibrahim, no puede más, le duelen mucho los pies y no quiero dejarlo solo, es su aniversario.
- ¿Aniversario de qué? - le pregunté
- ¿Cómo se dice en España?... Cumpleaños. Cumple cuarenta y tres. Es palestino, viene de Jerusalén.
 Ellos también se pidieron unas cervezas y algo de picar, la cara de dolor del jerosolomitano lo envejecía.

Transcurridos dos tragos y sonrisas más llegó Talana, una chica de cabello negro que vivía en una preciosa llanura en Sudáfrica;  se unió al grupo.
Y por último se acercó un joven, vegetariano y sonriente americano que, apoyado en su bordón, compartía la charla tocando su sombrero vaquero de cuando en cuando.

Maicon me contó que siempre llevaba un santo con él, sacó un San José y unas medallitas de un pequeño bolso y me fotografió con él como recuerdo. También me habló de como  filosofaba de la vida y cómo la  dividía en cuatro etapas igual que las fases lunares, que las mareas o que las estaciones del año.

El americano le preguntó que si llegaría a León, él dijo que estaba muy fuerte de piernas y de espíritu, pero que no quería dejar solo a Ibrahim en un día tan especial.

No estoy seguro de quién fue el primero - posiblemente Maicon - pero alguien empezó a cantar cumpleaños feliz y todos le seguimos sin pudor ninguno, cada uno en su idioma. El palestino sonrió por primera vez desde que llegara y nos pidió un bis para grabarlo en el móvil.

Hasta llegar a la catedral de León, si me sentía cansado, tarareaba "cumpleaños feliz".








viernes, 25 de octubre de 2013

viernes, 18 de octubre de 2013