lunes, 30 de diciembre de 2013




"La alegría que recorría cada calle en esa noche de navidad, la cubrió un manto negro de amargura, llanto y soledad".

Escribe mi hijo en un grupo de la familia del whatsapp un relato breve. Me ha parado el pensamiento desde que lo leí.   ¡La melancolía de la Navidad entre lucecitas, belenes, villancicos y güisqui! ¿por qué?
A medida que vives ganas, a fuerza de vivir pierdes.Solo los niños llevan una felicidad de ausencia de derrotas, los demás aprendemos, como podemos,  a aceptar las carencias y los recuerdos.
Mi navidad de niño se remonta a "la fonda de la estación" con abuelos, primos y reprimos, tíos y retíos, tioabuelos, mis padres y mis hermanas,  hasta un perro - Pon - y una gran sartén de carne apetitosa sobre el fuego de la chimenea.
Están  todas las imágenes  muy difusas, se proyectan  entre una escalera de mármol, una cantina de noche y un pasillo con algún ladrillo suelto. Pero esa es mi navidad sin derrotas.
Ahora son otras cosas. Unos se fueron y algunos han encontrado el hogar más al sur, o al este, o al oeste.

Y la vida sigue... Pero lo mejor, la buena fortuna es que otros han llegado, fuertes, limpios,  con sonrisas y miradas nuevas, que nos regalan momentos con lumbre y leña,  y también  que hay quien se sigue sentando en la misma mesa, con  distintos dientes y los mismos besos.

¡Brindemos con alegría por todos, por los buenos momentos que hemos compartido, por los buenos momentos que nos quedan por vivir!.

       (A mi hijo, para que se arrime a la lumbre y se quite el manto con una sonrisa)



lunes, 16 de diciembre de 2013

lunes, 2 de diciembre de 2013

domingo, 1 de diciembre de 2013



Domingo por la mañana, empieza diciembre con menos tres grados,  madrugo sin obligación ni devoción, si me atempero saldré a buscar algún camino de invierno, a oír crujir los huesos del frío bajo los pies con el oído izquierdo, con el otro,  la radio. "No es un día cualquiera" es un programa en el que se escuchan palabras de ciencia y divertidos juegos de más palabras. Por error sintonizo otra emisora en el que entrevistan a Charles, un francés que vive en Madrid y se gana los días tocando la guitarra con un grupo de música de calle, al rastro irá en un rato. Cuenta que es ingeniero industrial y que, cuando trabajaba en ello, cada día al volver a su casa le daba la sensación de haberlo perdido. Ahora también da clase de francés y guía por la ciudad a franceses sin brújula cuando salen del Museo del Prado.
Tomo otro sorbo del cortado y me arremeto las faldas de la mesa camilla para atrapar todo el calor del brasero eléctrico.
 Su elección me hace pensar... y me recuerda una película que vi, con uno ojo tapado como un pirata, sobre Rimbaud y Verlaine, "Vidas al límite", poetas que se apasionaron por la vida y por buscar las claves en los versos, en las mismas metáforas. La búsqueda le duró treinta y siete años al primero y cincuenta y uno a Verlaine.

Charles tiene treinta y uno y parece que quiere vivir.

en la ventana
comienzo diciembre,
café y radio.