lunes, 25 de enero de 2016

Villa Carmen


Paseo de sábado.
El aire invernizo  de la mañana dejó de soplar hace un par de horas. Renuncio al asfalto, en cuanto puedo, para recuperar rutas antiguas, y en él  sigo reconociendo las casas de campo y los árboles, "Villa Carmen" -  siempre  nostalgias - una higuera leñosa con ramas moribundas,  un almendro amargo y el ciruelo cortado.

Un pequeño manzano y un ciruelo, crecían muy juntos tras una valla, que protege y limita un depósito de agua, parecían dos amigos presos.
Un día, de los muchos que antes pasaba por allí, los encontré hachados, tumbados con la madera aún fresca y alba, daba el sol sobre las fruta de sus caídas ramas. Ignoraba que eran reos de muerte.

 Ahora solo queda el tronco ennegrecido, tendido entre cardos rodados.

Sigo andando, sin mirar más, en la orilla del camino unas pequeñas flores blancas ya han salido.


paseo de invierno,
ayer fue un ciruelo
el tronco seco.

miércoles, 13 de enero de 2016


Este año no llega el frío como lo hacía antes - aunque las cosas nunca son como antes a partir de los 50 - apenas unas rachas de viento importan humedad y templanza del norte y, solo con esos argumentos  hay quienes se embozan, más mirando el calendario - San Hilario - que el termómetro verde de las farmacias.

En una rotonda quedan encendidas y abandonadas las últimas estrellas de navidad mientras, los coches giran y pitan sin nostalgia alrededor de ellas.

Al andar reiteradamente por los mismos lugares termino por mirar más  las caras que cruzan y el cielo que el paisaje de las calles y la brújula,  solo me  llaman la atención la hilera de  cinamomos deshojados  con sus ramilletes blancos.

 Demasiada luz para ver las estrellas, la luna en creciente tímido. Me consuela que las farolas de Chinchilla, miradas desde aquí,  construyen una pequeña galaxia.

cuarto creciente,
al mirar el cielo
la luna sola.